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4/2/12

ÁVILA (CINEMA5)

CINEMA 5
13 - 17 de mayo 2011, Ávila

Una nueva edición de CINEMA abre sus puertas. Hoy visitaremos Ávila, ciudad de yemas, murallas y santos. Carol y yo llegamos a la estación de autobuses tras hora y media de viaje desde Madrid (18€ i+v). La estación está un poco apartada del recinto amurallado, donde estaba el hotel, pero en escasa media hora ya habíamos localizado el Hostal Bellas. Wifi gratuita, la Plaza del Mercado Chico a 3 minutos y las murallas a otros tantos. ¡Poneros cómodos, qué empieza la visita!

Las Murallas

Las murallas son el símbolo de Ávila[1] y rodean todo el casco antiguo desde el siglo XI. La visita (4€, 2.5€ para estudiantes) se realiza en dos tramos no comunicados. Al primero, corto y con vistas a la Plaza de Santa Teresa (también conocida como del Mercado Grande), se accede desde la Plaza del Alcázar.
Adorando al cochino de piedra[2] en la Plaza del Alcázar. Los verracos son monumentos prehistóricos con forma de animal, típicos de esta zona de la Meseta. Un edificio administrativo es visible a la derecha, mientras que la muralla flanquea, poderosa, el resto de la plaza.


Vista de la Catedral del Salvador desde las murallas. La característica más notable de la catedral es el cimorro, a la vez ábside y muralla, más típico de una fortificación que de un edificio religioso.


El segundo tramo, que nos lleva desde la Puerta de la Harina (entrada en la oficina de turismo) hasta la Puerta de Río, recorre toda el adarve norte. El resto de la muralla no está accesible, al menos de momento ¡esperemos que la restauren pronto para poder girar y girar!


Una vez visitado el adarve de la muralla no podemos dejar de recorrer su perímetro por extramuros. Comenzaremos desde la Puerta del Alcázar y continuaremos por el Paseo del Rastro en la dirección de las agujas del reloj.
El Paseo del Rastro es muy transitado y casi todos los locales que nos encontremos durante el recorrido será aquí. Un buen sitio para conocer el atardecer abulense a un precio ajustado.


Por la noche el paseo es muy tranquilo y nos permite practicar nuestra risa malvada (muhahahahaha) con un magnifico acompañamiento de luces. No se librará de ésta, señor Bond.



Dejamos atrás el Paseo del Rastro a la altura de la Puerta de la Santa. Aquí empezamos la bajada hacia el río Adeje. A la derecha dejaremos la Puerta de la Mala Ventura o Arco de los Gitanos, que daba acceso a la antigua judería. Ahora ésta es la parte más nueva de intramuros y no encontramos nada reseñable en ella durante nuestra estancia[3].

Los lienzos oeste y norte de la muralla están rodeados de césped, haciendo el paseo toda una experiencia golfística, de enboque en enboque. Ésta es la zona preferida de los abulenses para pasear a sus mascotas ¡no os extrañéis si algún perro corre prado arriba a por vosotros!

El lienzo norte presenta dos arcos, el Arco del Carmen (con acceso al adarve de la muralla) y el Arco del Mariscal. Ambos nos dejan de nuevo en la zona antigua de la ciudad.


Los Cuatros Postes

Aunque la gastronomía y la calidez del casco antiguo nos anima a quedarnos intramuros (nunca se sabe quien puede estar acechando allende los portones) no podemos dejar de admirar Ávila desde lejos, a vista de conquistador. Para ello la mejor opción es abandonar la zona de seguridad por la Puerta del Río, atravesar el puente sobre el río Adeje y ascender, siempre atentos a nuestras espaldas[4], hasta Los Cuatro Postes. Desde aquí disfrutamos de las murallas y la judería, ya que la inclinación del terreno deja la torre de la Catedral como única señal del casco antiguo.


El mirador de los Cuatro Postes con Ávila al fondo ¿y dices que ahora tenemos que volver?
Hay que ser un tipo muy duro para llegar hasta aquí... así que supongo que lo mio ha sido simple suerte.



Suspiros del románico

Ávila cuenta con una excelente colección de iglesias románicas. Por supuesto no visitamos todas, pero sí hicimos un recorrido por las más importantes[5]. Empezamos retrocediendo nueve siglos...
… con la visita a la Basílica de San Vicente (2€, gratis los domingos). Se sitúa extramuros, como todas las iglesias que vamos a visitar, y es lo primero con más de cien años de antigüedad que veremos al venir desde la estación de autobuses, como diciendo “bienvenido, ahora de verdad, a Ávila”. Eso sí, el empedrado de la plaza no hace nada agradable el caminar con maletas.



El pórtico de la Basílica de San Vicente. Una de las torres quedó inacabada y podemos ver parches posteriores en el edificio. Lo que más me gusto en todas las iglesias románicas fue el tono rojizo/anaranjado de la sillería. Este material, denominado “piedra caleña”, es común en la zona y dota a las iglesias abulenses de una personalidad propia.

Pórtico de la Iglesia de Santo Tomé “el Viejo”, ahora parte del Museo Provincial. Podemos afirmar, sin miedo a equivocarnos, que desde su construcción en el siglo XII esta iglesia no había contado con un elemento decorativo tan llamativo y azul como yo. Ahora podemos empezar el debate de si soy un esbelto fuste de perfil románico o más bien una gárgola de corte medieval.



La Catedral del Salvador, construida en el siglo XI, es la primera en introducir el gótico en España y aún es evidente la influencia del románico en el rigor de sus formas.

A falta de gorgonas, no hay nada como mirar directamente al Sol para quedarse de piedra.

La Iglesia de San Pedro, que lleva mirando hacia la Puerta del Alcázar desde el siglo XII, corona la Plaza de Santa Teresa o del Mercado Grande. Como no, un monumento a la Santa se alza en el centro de la plaza más concurrida de extramuros.


Al fin un momento de tranquilidad en la iglesia de San Pedro. Bueno, lo sería si el pesado de turno no se dedicara a sacar mil y una fotografías[6]. Sí cariño, estoy hablando de ti...


En la parte trasera de la iglesia de San Pedro hay un pequeño parque en el que sentarse a ver la tarde pasar. Está por ver si también es un lugar para ver pasar una noche de botellón.



Entre santos anda el juego

Aún no siendo religiosos, y más gracias a las clases de filosofía y literatura, reconoceremos a los dos santos más famosos de la ciudad: Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz.


¡Santa Teresa, mira! No sé si es una aparición divina o extraterrestre... supongo que depende desde que siglo lo mires.

San Juan de la Cruz, por favor, que baje la prima de riesgo española y que el BCE ajuste su tasa de interés aún a expensas de la inflación[7].

Monasterio de la Santa, situado en la plaza homónima[8] y flanqueado por la puerta homónima en la muralla. ¿Alguna duda sobre el nombre del museo situado en la cripta del convento? ¡Y qué me decís de Murallito! Emblemático como el que más, este tren turístico sale de la plaza de San Vicente y tiene precios especiales para niños de más de 60 años.


Alejado del casco histórico de Ávila nos encontramos con el Real Monasterio de Santo Tomás. Además de su labor eclesiástica, el recinto fue palacio de verano de los reyes católicos.



Lo más destacado del edificio son sus tres claustros, cada vez de mayor perímetro (3.5€). El primero, sobrio y ajado, es el claustro de las Novicias. Un excelente punto para abstraerse del mundanal ruido y atender a lo que nos cuenta la audioguía.
El segundo es el claustro del Silencio, el cual, además de permitirnos el acceso a la iglesia, nos regala el concierto de un enjambre de avispas. Todos en silencio para que no nos detecten...


El claustro de los Reyes es el último y más extenso, además del mejor conservado. Cuestión de prioridades, supongo.


Pero no sólo de meditación y ayudar al prójimo podía vivir Ávila en la dura época medieval. En el siglo XII, una vez asentada la ciudad tras la reconquista, Ávila era conocida en toda Castilla y parte de Leon por sus trileros, sus zonas de juegos y sus casas de apuestas. Para no suscitar sospechas, los distintos gremios de lo lúdico levantaron cruces en sus lugares de influencia y reunión. Por supuesto, cada una de estas cruces contaba con un símbolo característico. Aún hoy podemos ver en la ciudad la Cruz del Trívial (izquierda) o la Cruz del Jackpot (derecha). Tiempo después, durante el siglo XVI, los autoridades lograron desplazar a los capos del juego extramuros, concretamente a la vega del río Adeje. Algunos de ellos emigraron entonces al nuevo mundo en busca de nuevas oportunidades y jugadores incautos, y acabaron fundando una pequeña ciudad en medio del desierto que llamaron “Las Vegas” en recordatorio de su lugar de origen. El resto, es historia[9].



Andar, andar; comer, comer

Tanto monumento, visita y paseo sin duda abrirá nuestro apetito y potenciará nuestra sed. ¡Y qué mejor forma de resarcir a nuestro cuerpo que a base de recorridos gastronómicos! Un lugar ideal para comenzar la visita, sobre todo si el día es soleado, es la Plaza Mayor (o del Mercado Chico). Aquí tenemos acceso directo a varias terrazas y bares.
Panorámica de la Plaza Mayor de Ávila. A la izquierda se alza la Iglesia de San Juan, mientras que a la derecha está el edificio del Ayuntamiento. Este será el comienzo de nuestra ruta por la gastronomía de la localidad.


Justo a nuestra espalda se encuentra las calle Comuneros de Castilla, plagada de restaurantes y bares de tapas. No dejéis de probar las patatas revolconas (denso plato a base de patata y pimentón acompañado de torreznos), el chuletón de Ávila y las judías de El Barco (acompañadas de chorizo y tocino). A destacar el Mesón Gredos y el bar 1966 Mangas.


Judías de El Barco y Chuletón en el Mesón Gredos. 15€ el menú con agua y vino incluidos.
En la calle de los Reyes Católicos destaca el restaurante del mismo nombre. Comida de calidad e ingenio a buen precio (unos 25€/pax), ideal para esa comida especial de cumpleaños[10]. Ya en extramuros, entre la puerta de la Harina y la del Alcázar, encontraremos también varios locales.

Y nada mejor para terminar la comida que un buen postre. Aquí (y en vuestra maleta) no pueden faltar las yemas de Ávila. A base de huevo, azúcar y limón, estas dulces pelotas de ping pong están en todas los menús y confiterías de la ciudad. Para disfrutarlas tranquilamente nada mejor que acompañarlas con un café en Porta Coeli, mientras que las cajas para regalo podemos adquirirlas al lado, en la pastelería Chuchi (2.5/3.5/4.5€ la caja de 6/8/12 unidades; más baratas que en el Mercado Grande).

Tras tres días de románico y yemas llegó el momento de regresar a casa. Un viaje de hora y media si nuestro destino es Madrid, pero un poco más largo si tenemos que volver a Marsella. Un tiempo extra ideal para pensar en el siguiente estreno de CINEMA.

[1] Una imagen clásica en la vuelta a España es la subida a Ávila por el adoquinado y sus vistas a la muralla. Lástima que la dureza de la cuesta no les permita a los ciclistas (y a algunos viandantes) disfrutar del marco.

[2] Aunque este es el verraco más evidente de Ávila, llegamos a ver otros tres más en diferentes zonas y edificios. ¡Pero hay muchos más esperando a que los descubráis! Ya tenéis tarea para vuestra visita.

[3] Uno esperaría al menos recintos hoteleros, pero todo lo que vimos fueron casas y bloques de pisos nuevos. Así que cuando hablamos del casco antiguo de Ávila nos referimos a la zona intramuros al este de la Puerta del Rastro. Diversión concentrada, cervezas rápidas.

[4] Tan sólo tenemos que seguir las flechas amarillas del Camino de Santiago. Bueno, de una de sus muchas ramificaciones, en este caso el camino del Sureste. Este ramal comienza en Alicante y alcanza al Francés en Astorga, pasando por Albacete, Toledo, Ávila y Benavente.

[5] O lo que es lo mismo, las más evidentes. Seguramente pasamos por delante de casi todas en nuestro deambular por la ciudad, pero llega un momento en el que el románico pasa a ser ruido de fondo y sólo las iglesias más llamativas acaban captando tu atención. En este caso es una lástima la gran capacidad de adaptación del ser humano.

[6] Carol: “¡Siempre me sacas en todas las fotos! ¿Qué pasaría si algún día terminamos, que harías con ellas, eh?”
Trimurti: “Destruirlas. Por si acaso siempre hago dos fotos, una contigo y otra sin ti”.

[7] Aunque éste sería el deseo normal de cualquiera, creo que Carol está centrando sus rezos en un jugoso premio de la lotería. ¡Disidente!

[8] No confundir con la Plaza de Santa Teresa (Mercado Grande). Los homenajes están bien, pero hay que saber cuando parar...

[9] Por supuesto la versión oficial dista mucho de esta invención, pero gracias a internet es posible que alguien la tome por correcta, la copie en algún trabajo de instituto y tenga una bonita anécdota que contar en el futuro. Moraleja: ¡las notas al pie están para leerlas!

[10] Como la que disfrutamos el día 16 para celebrar con retraso el cumpleaños de Carol.



22/10/09

LA GOMERA, DÍA 2 (30/05/09)


Bandera amarilla en el circuito rural de La Mérica.


El día comienza con el grupo arrasando el desayuno del hotel, como no podía ser de otra forma. Hoy es un día duro, con más de 20 km de subidas y bajadas, y puede dividirse en dos tramos.


Primer tramo: Vallehermoso (200 m) - Las Hayas (1000 m)

La caminata empieza a eso de las 10:00 al final de la Calle Triana, donde tomamos hacia la derecha la carretera de Los Loros. El día es soleado (sudor) y hay mucha gente trabajando en el campo. A la altura de Los Chapines tomamos el primer desvío: dejamos por fin el asfalto y nos adentramos en una pista. Si el día está despejado (como sigue siendo nuestro caso) el calor es insoportable, ya que no hay muchos árboles, así que es vital aprovechar lo que se pueda las sombras del camino. Antes del final de la pista está el segundo desvío, otra vez a la derecha, y con el que tomamos el sendero que sube hasta los Risquillos de Corgo, ya a la altura de la altiplanicie del Parque Nacional de Garajonay. El sendero discurre al principio entre bosques y estaba bastante mal cuidado, lleno de matorral y cardos. Supongo que la primavera y la falta de tránsito son los culpables[1]. El tramo final de la subida se realiza por la laurisilva del Parque Nacional, ya por sendero ancho y limpio ¡cómo se notan los galones! Las mejores vistas de la subida las tenemos al coronar los Risquillos de Corgo, tanto por la belleza de La Gomera como por saber que ya no tenemos que subir más.

Vista del barranco del Valle desde los Risquillos de Corgo, a 1050 metros de altura. A lo lejos el mar, con Vallehermoso y el Roque Cano marcando nuestra salida. Se aprecia el cambio de vegetación, cada vez más densa según se gana altura.
Si hacemos un zoom...

… podemos ver una panorámica mejor de Vallehermoso.

Tras disfrutar de las vistas continuamos nuestro camino hacia Las Hayas, que la hora de comer se acerca y el desayuno lo dejamos a media ascensión. Rápidamente llegamos a un tramo de carretera. Las indicaciones en este punto son para los coches, no para los senderistas (genial), así que la “pista a la derecha: Las Creces” que marca la señal está, en realidad, unos 150 metros más adelante. Esta pista nos lleva sin problemas a Las Hayas tras pasar por el merendero de Las Creces. El camino es amplio y muy concurrido (hay quien se va encontrando a conocidos), así que no hay forma de perderse.

Y finalmente llegamos a Las Hayas, justo detrás de su Ermita. El hambre ya es atroz y tenemos que encontrar el restaurante La Montaña: desde la Ermita seguid de frente hasta la carretera y tomad sentido descendente. Tras una curva en herradura...¡ahí está![2]. A pesar de su nombre este restaurante es conocido por todos como Casa Efigenia, y es todo un clásico en las visitas a La Gomera. Nos sentamos, pedimos unas cervezas a Tronco-chan, el asiático camarero del lugar, y le preguntamos sin mucho éxito por la carta. Ante nuestra insistencia, y dado su nulo conocimiento del castellano, decidió llamar a la mismísima Efigenia, la cual nos explico muy amablemente que ella, la Reina de la Montaña, sólo servía gofio y verduras. Sólo gofio y verduras. Eran las 14:00, demasiado tarde para salir de allí en busca de algo de carnaza capaz de recuperar lo perdido en la dura subida, así que comimos sólo gofio y verduras. Todo muy rico, pero ¡gofio y verduras! Aún tiemblo al recordarlo...


Segundo tramo: Las Hayas (1000 m) - Valle Gran Rey (nivel del mar)

Tras la comida de rápida digestión comienza el segundo tramo del día. El camino comienza justo enfrente del restaurante y nos llevará hasta el mirador del Santo, pasando por Acardece (que no es poco[3]) primero y por Arure después. Este trayecto transcurre casi siempre por asfalto y rodeados de palmeras y monte bajo, siendo lo más destacado de la fauna local las crías de motorista casero y los osos hormigoneros[4].

Fotoresumen del camino entre Las Hayas y el mirador del Santo: asfalto, palmeras, monte bajo y parcelas a ambos lados del camino. Un transito no muy espectacular pero necesario.

Ya en el mirador del Santo nos tomamos un descanso: las vistas del barranco de Taguluche son espectaculares y estuvieron amenizadas por la música del guateque que se estaba realizando en el propio Taguluche, 700 metros debajo nuestra: o la acústica del barranco es primorosa o la música estaba un poco alta.
Sobre el horizonte del barranco de Taguluche se dibuja el perfil de La Palma.
No apto para aquellos con problema de alturas, sobre todo cuando te alejas del mirador y ves que su parte inferior es un local a medio construir.
Momento de relajación en el mirador del Santo. Nuestras caras no reflejan el cansancio de la extenuante jornada, sino el recuerdo del gofio y las verduras.

Nuestro camino continúa por el llano del Pedregal hasta llegar a La Mérica:

Fotoresumen del paseo por el llano del Pedregal. A la derecha: caída de 600 metros. A la izquierda: caída de 600 metros. Al frente: terreno yermo. Por todos los lados: las cabras.

La cabra de Dorada vigila nuestros pasos. Normal que el primero que se cae en una excursión no se libre nunca de pagar la primera ronda.
El Barranco de Arure desde lo alto. Valle Gran Rey es una mancha blanca en el azul del mar y... ¿qué ha sido ese ruido? ¿No era el timbre de un microondas? ¡Corred, insensatos!
Huyendo de las cabras llegamos a La Mérica[5], un altiplano a unos 700 metros de altura al final del risco de Perico. La retransmisión de los hechos por parte de Antonio Lobato habría sido más o menos así:

"¡¡Bandera amarilla en pista!! Ya lo han visto durante la publicidad: salida de pista del Super Aguri de Takuma Sato en la entrada a la curva 8 del circuito rural de La Mérica. Se ha empotrado contra las protecciones y ha conseguido sacarlo de nuevo al trazado pero... ¡tiene la parte trasera izquierda destrozada! Ha dejado la pista llena de trozos de carbono. Veamos la repetición... sí, se le va de atrás. Llevaba superblandas y seguramente el gremlin le ha hecho deslizar, da un volantazo pero no puede hacerse con el control antes de tocar la grava. Aún así parece que podrá terminar la carrera y pagar una ronda a los demás corredores..."

Bandera amarilla en pista.
Takuma Sato (Adriana) se duele del golpe que ha destrozado la parte trasera izquierda de su Super Aguri.
El puerto de Valle Gran Rey, final de la etapa, se ve a lo lejos.

La bajada desde La Mérica desde el puerto de Valle Gran Rey. El orden de llegada a meta fue:

1. Massa (yo mismo)
2. Button (Juan) + 0.567s
3. Alonso (Jairo) + 5.123s
4. Karthikeyan (Norberto) + 1 lap
5. Sato (Adriana) + 1 lap

Y por fin llegamos a Valle Gran Rey! Nos alojamos en los apartamentos Baja del Secreto, donde al día siguiente disfrutaríamos de una mañana de Sol y piscina (teníamos la piscina natural del Charco del Conde justo enfrente el hotel, pero nuestra alta vaguería y la marea baja decidieron por nosotros). La cena, para compensar el gofio y la verdura de la comida, fue a base de carnaza. Tras saciar al carnívoro de nuestro interior buscamos algún sitio abierto para tomar algo, aunque sin mucho éxito: volvimos al hotel y celebramos mi cumpleaños como mejor sabemos, a base de rones.

La vuelta a Tenerife fue, esta vez sí, en ferry. El trayecto Valle Gran Rey – Santa Cruz de Tenerife cuesta unos 35 € (20 € con descuento de residente) y se tarda unas 3 horas: 1 hora y 40 minutos hasta Los Cristianos en ferry, más una hora y media en autobús hasta Santa Cruz (incluido en el billete). En el viaje en ferry se puede disfrutar a duras penas de la costa de La Gomera, ya que por alguna razón casi todos los cristales son traslúcidos y no permiten ver el exterior. Finalmente, y tras la parada técnica en el puerto de San Sebastian, LaGOMITA09 se despide de La Gomera, esa verde isla con forma de flan.


Día 1 (29/05/09)LA GOMERA

[1] Con lo nuevos tiempos eso de irse al monte a practicar carnales excursiones está cayendo en desuso por parte de la muchachada de los pueblos. Y nuestros senderos lo notan.

[2] Esta sencillas indicaciones son el fruto de 20 minutos de mapeado de la zona por parte del grupo, cuyos integrantes ya empezaban a mirarse con ojos golosos. ¡Un aplauso para nosotros!

[3] Chorrada homenaje a esa gran película de humor absurdo español, “Amanece, que no es poco”.

[4] Cada casa de Acardece (que no es poco) y Arure tenía uno en su patio, siempre preparado para hacer la mezcla precisa en ese hocico tan característico.

[5]O a La Merca, La América, El Marca,... prácticamente se puede encontrar un nombre diferente para este lugar en cada folleto, indicación o mapa que mires.

21/10/09

LA GOMERA, DÍA 1 (29/05/09)


Por las sendas de verde laurisilva.


La forma tradicional de llegar a La Gomera es en ferry desde el puerto de Los Cristianos, al sur de Tenerife. Es barato, cómodo y te deja en San Sebastián de La Gomera, la capital de la isla. El estupor llegó al grupo cuando decidimos ir en avión: seguramente haya sido la primera y última vez para casi todos. Las razones fueron el horario (9:00 vs 7:00, para llegar prácticamente a la vez), que había conexión directa entre el aeropuerto y el comienzo de la excursión, y que el precio no fue desorbitado, 30 € por persona. Así pues, y tras unas turbulencias que nos dejaron cara de “por eso la gente viene por mar”, embarcamos en la guagua[1] rumbo a la degollada de Peraza (2.5 €), lugar de inicio de LaGOMITA09. Por comodidad, he dividido esta primera etapa en tres tramos.


Primer Tramo: Degollada de Peraza (940 m) – Alto de Garajonay (1487 m)

Al principio el camino transcurre por las cañadas de Peraza, rodeadas de monte bajo, para luego adentrarse en el bosque a la altura de Los Roques. Por desgracia hay varios tramos de pista y asfalto hasta llegar al Parque Nacional de Garajonay: se nota que normalmente la gente prefiere el coche para llegar desde San Sebastián al Parque o a lugares intermedios donde pueden aparcar y darse una vuelta por la naturaleza. Debido a esto hay varios puntos críticos en la señalización del camino, sin duda realizada por la Calculadora Humana[2] durante su estancia Erasmus en La Gomera.

Los cinco intrépidos protagonistas de LaGOMITA09.

La primera parte del camino transcurre por pistas y monte bajo, con la silueta del Teide permanentemente a nuestras espaldas.

Primer punto crítico: Tras un kilómetro salimos de la pista y llegamos a un tramo de carretera donde no hay ninguna señalización. Gracias a las indicaciones de un alemán de La Gomera seguimos de forma correcta hacia la derecha.

Segundo punto crítico: Aquí el problema no fue la señalización, sino la chuletada que se estaba realizando en la Ermita de Las Nieves. Sufrimos la típica mirada de “¿Qué hacen de pateo? Con lo bien que se está esperando la carnaza con una cerveza en la mano...” por parte de los chuleteros. Se sucedieron momentos de tensión y las ganas de dejar todo y pedir una panceta. Pero fuimos fuertes. Y continuamos por la senda hacia Los Roques.

Entramos entonces en un tramo de bajada más verde, pero aún poco frondoso, que nos lleva hasta el Monumento Natural de Los Roques. Estas formaciones se fraguan cuando la lava asciende por un conducto volcánico, solidificándose y taponándolo. Después, el paso de los años hace que las capas mas blandas vayan desapareciendo, quedando la roca compacta al descubierto[3].
El más impresionante es el roque de Agando (izquierda), acompañado por los roques de Ojila, la Zarcita y Carmona. Al llegar a la falda del roque de Agando volvemos al asfalto, el cual dejaremos momentáneamente para alcanzar el mirador de Los Roques[4].
El roque de Agando en todo su esplendor desde el mirador de Los Roques. Esta formación alcanza los 1182 metros en su punto superior y unos 1050 a la altura de la carretera. Al fondo podemos ver el barranco de Benchijigua.
Este es un buen momento para tomar un descanso en el mirador de Los Roques (izquierda), ya que aquí empieza la verdadera subida hacia el alto de Garajonay. Tras un nuevo tramo de carretera nos adentramos de verdad en el bosque y sólo volveremos a ver el Sol en un par de tramos de asfalto y pistas que se adentran en el monte. Los siguiente puntos críticos son en estos cruces de caminos.

Tercer punto crítico: el sendero llega a una pista y, por desgracia, las indicaciones no son claras. Nosotros continuamos de frente por la pista, pero tras un rato fue claro que este camino no era el correcto: dimos la vuelta y, ahora sí, tomamos el estrecho sendero que partía a la derecha de la pista.

Cuarto punto crítico: Un nuevo cruce de caminos y carretera, ya al pie del alto de Garajonay. Esta vez preguntamos a un guarda del Parque, el cual, dando muestras de su competencia, fue incapaz de indicarnos como subir andando. Tras una pequeña exploración de la zona encontramos, de nuevo a la derecha de la pista para los coches, el sendero correcto.

Aquí la subida se hace muy dura hasta que llegamos a la encrucijada final: el ascenso al alto de Garajonay por la izquierda (2 km), la bajada a Los Cedros por la derecha. Por el tiempo y el cansancio el grupo se dividió en dos: Adriana, Jairo y Norberto giraron hacia Los Cedros, mientras que Juan y yo seguimos hacia el alto de Garajonay. Este es el punto más alto de la isla con 1487 metros y debe su nombre a la leyenda del romance de Gara y Jonay; princesa de Agulo ella, guanche de la isla de Tenerife él.

Lo primero que descubrimos fue que esos dos largos kilómetros eran, en realidad, tan solo medio[5], y lo segundo que las vistas son espectaculares:

El Teide y Los Roques desde el alto de Garajonay. Nuestros pasos ya se han perdido entre los rumores de los árboles, pero la chapuza en la señalización seguirá ahí por siempre.

El norte de La Gomera desde el alto de Garajonay. Nos adentraremos en la espesura de la laurisilva en breves momentos.

Ninguna fémina puede ya negar que Juan tiene un auténtico volcán entre las piernas.

Aquí damos por concluido el primer tramo de la excursión y empezamos el segundo, que nos llevará hasta Los Cedros.


Segundo tramo: Alto de Garajonay (1487 m) – Los Cedros (800 m)

Este tramo es todo en bajada y, ahora sí, nos adentramos en lo más profundo de la laurisilva del Parque Nacional de Garajonay: el verde intenso de los árboles centenarios, el sendero sinuoso del Barranco del Cedro, la compañía de los riachuelos y un claro objetivo para Juan y para mí, el de dar caza a nuestros escapados compañeros.

No sé si prefiero que me pisen los talones estos dos o un Predator.

Yo bautizo este abundante riachuelo como el “Arroyo del Cedro”.


Esta vez las indicaciones dentro del Parque son fáciles de seguir y nos reagrupamos en la Ermita de Nuestra Señora de Lourdes (arriba). Ya nos queda menos para Los Cedros, a donde llegamos a eso de las 16:00 con unas ganas locas de reposar en el Bar/Restaurante/Camping/Casa Rural/Información La Vista.

Hora de recuperar fuerzas con un buen potaje de berros y una cerveza fría. Tranquilos, que el cochino, la ensalada y las papas arrugadas con mojo están en camino: no se van a librar de ésta (punto positivo para el Bar/Restaurante).

Tras la caminata de la mañana y la copiosa comida nada mejor que una pequeña siesta al calorcillo del volcán de Juan (punto positivo para el Camping/Casa Rural).
¡Despierta Adriana, que aún tenemos que bajar a Hermigua!


Tercer tramo: Los Cedros (800 m) – Hermigua (150 m)

El último tramo del día es la bajada hacia Hermigua por el barranco de Monteforte. La salida del sendero es desde el propio camping, así que podéis pedir indicaciones en el restaurante[6]. La bajada es fantástica y sin contemplaciones, con Hermigua siempre al frente y las paredes de roca rodeando el resto. La única pega es la canalización de agua del arroyo del Cedro, que según descendemos es cada vez más patente en forma de tuberías y pequeñas presas.

Hermigua nos saluda al final del barranco. El Salto del Cedro nos marca el único sentido posible: 600 metros to pa’bajo.

El Barranco de Monteforte en azul y negro desde la presa de Los Tiles. Por desgracia la presencia humana es cada vez más patente según descendemos.

Los intrépidos excursionistas hacen un pequeño alto en el camino para admirar la parte media del barranco. La laurisilva ya quedó atrás y ahora estamos rodeados de palmeras y matorrales.

Al acercarnos a Hermigua empezamos a encontrarnos con casetas de pastores y sus animados inquilinos, las cabras.
Aquí parecen muy simpáticas, pero cuando el grupo pasó se lanzaron a por Juan. Insensatas.

A eso de las 19:30 llegamos a Hermigua. La guagua hacia Vallehermoso, donde pasaríamos la noche, no pasaba hasta las 22:00, así que teníamos tiempo para tomar una reparadora cerveza. Hermigua está construido en los dos bordes de la carretera, así que la seguimos hasta que llegamos al primer bar, situado en frente del campo de fútbol.

Y allí conocimos a Juan “Bicharraco”, esperpento local de taberna que hizo un gran papel dando vida al Mago de Oz: a Dorothy, encarnada por Adriana[7], le contó bonitas historias sobre prostitución en su lugar de origen, Texa... digo, el barrio del Toscal; al espantapájaros, encarnado por mi mismo, le contó descerebradas historias sobre robos de móviles en el Parque del Retiro de los años 70 (mucho antes de que hubiéramos nacido); al hombre de hojalata, encarnado por Norberto, le contó como había fundado la comuna hippie de La Palma muchos años atrás; y finalmente, al león cobarde, encarnado por Jairo,... pues como cobarde que es evitó su turno gracias a Bebeto, el otro inquilino del bar en esos momentos y que nos ayudó a librarnos de las fábulas de Juan “Bicharraco”[8]. En todo este teatrillo nuestro Juan sería la Bruja del Oeste, ya que no hay nada que lo dañe más que el contacto con el agua.

Capeamos el temporal como se pudo hasta que, a las 21:15 ¡apareció nuestra guagua con 45 minutos de antelación! Los horarios de los autobuses no estaban actualizados en la red como debería, algo que ya han subsanado: la guagua sale de San Sebastián a las 20:30. Carrera y cabreo del conductor. 3 € y a las 22:00 llegamos a la Plaza de la Constitución, en Vallehermoso. Nos quedamos en el Hotel Rural Triana: nuevo y con encanto (unos 30 € por habitación doble, desayuno incluido). La cena, a base de raciones ricas en fritanga regadas con vino del país y cerveza, fue en el restaurante El Tonel[9], recomendación de la encargada del hotel. El resto de la noche pasó rápido entre risas, cartas y copas de anís; y acabó con un merecido y reparador sueño ¡que mañana es la etapa dura!


LA GOMERADía 2 (30/05/09)

[1] Para los no familiarizados con las Islas Canarias, guagua es autobús. Aquí podéis encontrar más palabras y términos autóctonos.

[2] La Calculadora Humana es un maestro en cálculo mental, cálculo rápido. Si en el bar en que esté como camarero le pides 4 copas, inmediatamente sabrás el precio justo: ”son 20.40 €”. ¿Cuánto cuesta una copa?, preguntarás. “3.50€ cada una”, será su respuesta. ¿Y como puede ser que 4 copas a menos de 4 euros cuesten más de 20?, cuestionarás al Universo. Pero si cuela, cuela.

[3] Y que conste que no lo digo yo, si no los expertos del Gobierno de Canarias en un extenso documento sobre el Monumento Natural de Los Roques.

[4] Aún no es tarde para regresar en dirección a la degollada de Peraza y reclamar nuestra suculenta panceta...

[5] Una nueva travesura de la Calculadora Humana, siempre tan eficaz a la hora de redondear por lo alto.

[6] Que conste en acta que las indicaciones de la hostelera local fueron mucho mejores y más precisas que las del trabajador del Parque en su momento. Punto positivo final para la Información.

[7] Y con su perrito Ori en el papel de Totó.

[8] De repente todo el mundo empezó a recibir llamadas muy urgentes y a tener unas ganas locas de tomar el aire. Cerveza en mano, eso sí.

[9] También podría ser “El Barril” o “La Tinaja”. Sólo se sabe que hay un barril en la puerta del restaurante situado en la calle Guillermo Ascanio Moreno 10, Vallehermoso, La Gomera.